03
Enero
2018

¡UN PLAN DELICIOSO!

Las vacaciones de Navidad siguen siendo las mejores del año para la mayoría de los chavales, porque además de no tener que ir a clase es cuando la familia (¡y los regalos navideños!) proporcionan ocasiones inmejorables para jugar y divertirse en compañía. Hay un hecho que no hay que olvidar: los niños y las niñas están siempre dispuestos/as a jugar, y si lo pueden hacer con sus padres, mucho más. Los abuelos y las abuelas son una buena alternativa, no cabe duda, pero una de sus mayores ilusiones es que el padre y la madre se sienten con ellos/as en el suelo o alrededor de una mesa y acepten sus condiciones y sus reglas imaginarias. Con ellos/as los juegos están llenos de emociones agradables, y esos momentos tan especiales crean afectos intensos que quedan muy marcados dentro de los buenos recuerdos de la infancia.
Del juego con los más pequeños de la casa se “aprovecha” todo, con la ventaja añadida de que cualquier cosa puede convertirse en un juego. Todo consiste en saber sacarle el jugo a la caja de zapatos, al parchís, al escondite, al Lego, al trozo de madera, a la cuerda, a las patatas y también a la pantalla de la tableta o de la TV. Pero es que aparte de que se puedan divertir como nunca por estar haciendo o viendo cosas entretenidas con ellos, el padre y la madre a veces no se dan cuenta de que a través de lo que sea que estén haciendo en su compañía pueden enseñarles algunos valores, como por ejemplo la tolerancia a la frustración cuando pierden, la paciencia para esperar su turno, el esfuerzo, etc.

Hay películas que dan también para mucho si se las ve acompañando a los espectadores más pequeños. En el programa de Cine y Valores de la FAD hay una muy divertida llamada Operación Cacahuete. Su protagonista es Surly, una ardilla egoísta y desconfiada que tras hacer explotar el árbol en el que sus antiguos compañeros del parque guardaban las provisiones para el inminente invierno, trata de arreglarlo asaltando en la ciudad unos sacos de cacahuetes. La aventura se complica de veras cuando descubre que esa tienda es la tapadera de unos ladrones de bancos, y a partir de ese momento la película discurre sacando a la luz un rosario de valores como la generosidad, el sacrificio por los demás y la unión de todos los animalitos para poder alcanzar sus objetivos.
Como ocurre con muchas películas esta historia de la ardilla Surly es tan trepidante y frenética que si no hay un adulto cerca que los vaya subrayando, esos valores se podrían difuminar en medio del barullo de la acción. No hay duda de que cuando a los críos se les estimula la reflexión para que aprendan a detectar todo lo que hay en un “plato cinematográfico” variado y repleto de “sabores” como éste, el ver una película en tan buena compañía pasa a ser un plan delicioso que no van a olvidar.

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